
Así somos las personas.
Y así nos gusta sabernos.
Por eso también nos gustan las experiencias a medida.
Únicas e irrepetibles.
Personales.
Particulares.
Esas que nos tienen como protagonistas y no sólo como espectadores.
Donde se pone en juego todo nuestro ser.
Y todos nuestros sentidos.
Esas en las que sentimos que todo lo han dispuesto para nosotros.
En las que, sin nosotros, no pasa nada.
No alcanzan las palabras para describir esa experiencia.
Porque la vida no se relata. Se experimenta. Se encarna.
Una ciudad también.
Con los sentidos a flor de piel.
Nuestra propia ruta en medio de la multitud.
Una experiencia como las personas: única e irrepetible.
